Adaptación del cuento de los Hermanos Grimm "El hombre de la piel de oso".
Para adaptar un cuento hay que tener en cuenta:
- Edad de los niños
- Simbolismo del cuento
- Roles de lo personajes
- Motivos
- Estructura interna
La adaptación la he realizado para niños del 2º Ciclo de Educación infantil ya que es esta etapa cuando los niños sientes interés por los personajes y situaciones fantásticas como: hadas, encantamientos, enanos, gigantes, magia...etc. Están en la época del animismo, en la que disfrutan al conocer criaturas que llevan una vida paralela a las personas.
En mi adaptación he omitido alguno personajes como el demonio, lo he acortado y les he puesto nombre a los personajes para que los niños los identifiquen.
Esta es mi adaptación:
"EL HOMBRE DE LA PIEL DE OSO"
En un lugar lejano, en una tierra que no recuerdo el nombre, vivía un muchacho llamado Carlos. Carlos vivía con sus padres. Estos eran pobres y apenas tenían dinero para las medicinas de su madre enferma. Cierto día, Carlos se levantó y salió de su casa en busca de trabajo.
En medio del camino, tumbado a la sombra de un árbol, se encontró a un duende. El duende, llamado Martinico, le dijo:
-¡Hola amigo! Soy el duende Martinico y estoy aquí para ayudarte.
Carlos asustado y sorprendido, pues era la primera vez que veía a un ser tan extraño, le contestó:
-¡Hola Martinico! Soy Carlos y necesito dinero para ayudar a mi madre enferma.
-Está bien, yo te lo daré pero deberás aceptar mis condiciones.
-Si, si.-contestó rápidamente el muchacho.
Martinico hizo aparecer mágicamente un abrigo de piel de oso y le digo:
-De acuerdo Carlos. Deberás llevar este abrigo durante dos años, no te lo podrás quitar pero en sus bolsillos encontrarás todo el dinero que necesites. Durante esos dos años no podrás ver a tu familia, ni lavarte, ni peinarte, ni cortarte las uñas. Si al cabo de dos años has cumplido mis condiciones te haré rico.
Carlos aceptó inmediatamente y se puso el abrigo. En ese mismo instante, Martinico desapareció y Carlos continuó su viaje.
Visitó lugares y allí donde dormía era bien recibido pues nunca le faltaba el dinero. Pero al cabo de un tiempo, tenía un aspecto un poco desagradable, olía mal, tenía el rostro sucio y parecía un monstruo. Debido a esto nadie se le acercaba ni le dejaba su casa para dormir.
Un día, cansado de tanto caminar, encontró una casa en medio del bosque. El dueño al verle tan desarreglado y oliendo tan mal no le dejó quedarse. Pero Carlos sacó mucho dinero de su bolsillo y el dueño le preparó una habitación donde descansar.
En mitad de la noche, Carlos oyó a una persona que lloraba en la habitación de al lado. Se levantó y para su sorpresa era el dueño de la casa.
-¿Qué te pasa?- dijo Carlos.
-Que he perdido todo mi dinero y no puedo alimentar a mis hijas.
-No te preocupes, yo te daré dinero para ayudarte.
-Muchas gracias. Por cierto, me llamo Pablo.
Pablo, viéndose salvado, no sabía como agradecérselo.
-Te dejaré que te cases con una de mis hijas-dijo Pablo- ven conmigo.
Pablo presentó sus hijas a Carlos. La hermana mayor al ver a ese muchacho tan desarreglado y que olía tan mal salió corriendo. La segunda hermana ni si quiera quiso hablar con él. Pero la tercera, que se llamaba Elena le dijo:
-Ya que nos has ayudado, debes ser un hombre bueno. Mi padre te ha prometido una esposa y hemos de cumplir con lo prometido.
Carlos emocionado le dijo que no podía quedarse pero que guardara un trozo de su anillo como promesa de que volvería a por ella.
Elena se sintió muy triste y sus hermanas solo le decían cosas malas sobre Carlos.
Pasados los dos años, Carlos volvió por el mismo camino y bajo la misma sombra de aquel mismo árbol se volvió a encontrar al duende Martinico.
Al haber cumplido el trato, Martinico le hizo rico, le devolvió su antigua ropa y le aseó. Al verse con su antiguo aspecto pero siendo mucho más rico que antes, Carlos le dio las gracias y Martinico desapareció.
Carlos regreso a casa con su familia, pudo curar a su madre pero no se olvidaba de su prometida. Por eso volvió a la casa del bosque en busca de Elena. Pero ella no lo reconoció. Solo cuando Carlos sacó su mitad del anillo y le dijo:
-Elena soy yo. Aquel monstruo que ayudó a tu padre, he recuperado mi figura humana.
Y tomandola en brazos, se besaron y abrazaron. Días más tarde, Carlos y Elena se casaron y desde entonces Carlos no se separó de su familia ni de Elena.
Y todos fueron felices, comieron perdices y a ti te dieron con un plato en las narices.
Muy bien la adaptación. Escasa la explicación.
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